Del desierto de Arrakis a las ruinas de Aqueron: mi travesía hacia el Continuus Nexus
Cuando cerré Dune por última vez, aún podía sentir la arena en los labios. No la de cualquier playa caribeña ni la de un desierto turístico, sino la arena que corta, que se mete en los pulmones, que es parte del destino. Pensé que ningún otro libro me haría sentir esa mezcla de inmensidad y claustrofobia que provoca Arrakis. Me equivoqué. Un par de meses después, en una tarde lluviosa en Bogotá, caminando por la carrera Séptima, me refugié en una librería pequeña. Entre las mesas, un lomo oscuro me llamó la atención: Aqueron . No conocía el nombre del autor, Tolmarher, pero al leer la contraportada algo se encendió. Palabras como “ruinas”, “linajes”, “horror cósmico” y “guerra estelar” se mezclaban como un eco de las grandes sagas, pero con un sabor nuevo. Me lo llevé sin pensarlo. El impacto de Aqueron La primera noche, pensé que solo leería un par de capítulos. Terminé hasta las tres de la madrugada, con la lluvia golpeando las ventanas y el corazón latiendo como si estuvier...