El Khabal y las grandes casas de Juego de Tronos: poder, traición y destino
En Juego de Tronos aprendimos que, en Poniente, el poder no siempre lo tienen los reyes que se sientan en el Trono de Hierro. Muchas veces está en las manos de familias que saben mover los hilos desde las sombras, construyendo alianzas y rompiéndolas con la misma facilidad con la que se alza una copa de vino.
En el Continuus Nexus, ese papel lo juega el Khabal. Y aunque en apariencia sea una red de linajes estelares que comparten una historia común, lo que realmente los une —y los divide— es el hambre insaciable por dominar el tablero del multiverso.
Un juego de tronos… estelar
Leyendo Jefes de Guerra en una tarde fría de Bogotá, no pude evitar pensar que el Khabal funciona como una versión interplanetaria de las grandes casas de Poniente. En vez de tierras y fortalezas medievales, poseen mundos enteros, flotas y el control de rutas comerciales que pueden decidir la vida o la muerte de sistemas completos.
Al igual que los Lannister, los Stark o los Tyrell, el Khabal entiende que las guerras no se ganan solo en el campo de batalla. Se ganan en cenas privadas, en pactos sellados en habitaciones oscuras y en promesas que nadie piensa cumplir.
Traiciones como moneda corriente
Lo más fascinante —y aterrador— es que la traición parece ser parte de la estructura natural del Khabal. En Herederos de un Imperio, hay una escena en la que un líder del Khabal brinda con un aliado sabiendo que en pocas horas enviará una flota para destruir su planeta. Esa frialdad es la marca de quienes no ven personas, sino fichas en un tablero.
Me recordó a una frase que Cersei Lannister podría haber dicho sin pestañear: “La lealtad dura lo que dure tu utilidad”.
El peso del linaje
En Poniente, nacer en una gran casa define tu destino. En el Continuus Nexus, ser parte del Khabal es llevar un apellido que te abre puertas y te pone un blanco en la frente al mismo tiempo. Es una herencia que trae privilegios… y deudas que tal vez nunca pediste.
Recuerdo caminar por la carrera Séptima pensando en esto, imaginando que el Khabal tendría sus equivalentes en nuestras calles: viejas familias con historias que se susurran, pactos sellados hace décadas y rivales que nunca se olvidan.
El destino como arma
Lo que distingue al Khabal de las casas de Poniente es que sus miembros parecen tener una obsesión con el destino. No el destino personal, sino el del multiverso entero. Sus movimientos no siempre buscan la victoria inmediata; a veces están jugando a siglos vista, tejiendo planes que solo se revelarán cuando ya no haya manera de cambiarlos.
En ese sentido, son menos impulsivos que los Lannister y más calculadores que los Tyrell. Si el Trono de Hierro es un asiento incómodo, imaginen lo que es sostener el control de rutas estelares en un cosmos gobernado por fuerzas que trascienden la comprensión humana.
Khabal: el verdadero juego nunca termina
En las sagas de Tolmarher, las batallas acaban, los planetas caen, los héroes mueren… pero el Khabal sigue moviendo fichas. Y esa, creo yo, es la lección más peligrosa: no importa quién creas que está al mando, siempre hay alguien más, en algún lugar, trazando un plan que te incluye… aunque tú no lo sepas.
Comentarios
Publicar un comentario